Estimados/as Por cuestiones de espacio subo el comentario de Ignacio Madero a esta sección. Ya saben muy bien que si tienen alguna dificultad para subirlo me lo envien a mi y yo lo subo. SaludosReflexión Ignacio Madero Cabib
“El hombre Elefante y la entrada al conocimiento de la Sociedad por medio de la Corporeidad”
Estimadas compañeras, compañeros, Kerly y María Emilia: Quiero aprovechar este espacio para desarrollar una concisa reflexión del film de David Lynch “El hombre Elefante”, en virtud de lo estipulado por David Le Breton en su obra “La Sociología del cuerpo”. La reflexión se divide en tres partes: En la primera se alude a la deconstrucción de las premisas que conciben al cuerpo solo como un ente biológico (I). Continúa una breve alusión a la distinción inclusión/exclusión de los cuerpos en la sociedad (II). Finalizo con la pretensión de justificar la legitimidad del cuerpo como entrada al conocimiento de lo social (III).
I) Joseph Mérrick, un hombre de nacionalidad inglesa de 21 años, posee una malformación biológica en varias partes de su cuerpo, lo cual lo lleva a ser exhibido como una atracción en un Circo, en condiciones de alta precariedad social. A partir de este hecho, esta persona es fuente de muchas prácticas sociales excluyentes entre las que se encuentran: el miedo sensorial de los demás hacia él, su criminalización a priori, su demonización, el esfuerzo continuo por invisibilizarlo, discriminación, exotización permanente y, en fin, la exclusión de la comunicación y la interacción en varios espacios de la sociedad.
La pregunta sociológica central de este fenómeno social, me parece, debe referirse a la representación del cuerpo de Joseph como un desacoplamiento a las formas estandarizadas de la estética y la pulcritud socialmente aceptadas para participar en la sociedad. El cuerpo, de este modo, lejos de representar un ente biológico neutral e inerte, se convierte en un depositario de lógicas sociales y culturales, por medio del cual el hombre y la mujer se insertan activamente en cualquier esfera social a partir de las múltiples significaciones que se le atribuyen.
II) En un momento de la historia, Joseph es acogido por un doctor que se compromete a sacarlo del ambiente circense, acompañarlo, diagnosticarlo, fomentar su socialización con otras personas y finalmente, promover su inclusión social de modo normalizado. Sería de alto interés sociológico interpretar este hecho desde los fundamentos epistemológicos de Michelle Foucault, sin embargo lo que me interesa es destacar el proceso de inclusión ambiguo por el cual el personaje principal de la película, se hace parte de la sociedad.
Si bien es cierto que antes de recibir el apoyo del doctor, Joseph se encontraba excluido de la comunicación y la participación en varias esferas de la sociedad, y que con el arribo del médico esto cambia, no es menos cierto que la inclusión experimentada por Joseph, resulta solo en un plano bastante acotado, pues su aceptación social se gesta fundamentalmente solo desde el espacio de la ciencia médica.
El Hombre elefante sabía que no era normal, conocía a la belleza y también la normalidad de los cuerpos, no obstante, su cuerpo se hallaba cosificado por las múltiples caracterizaciones culturales que lo rodeaban y lo discriminaban. Su cuerpo significaba el obstáculo permanente para lograr la inclusión social completa y la participación armónica en la sociedad.
III) En función de lo planteado hasta ahora, me gustaría relevar que establecer al cuerpo humano como una entrada al conocimiento de las lógicas sociales que orientan las operaciones en distintos campos de la sociedad, lo considero un esfuerzo sociológico realmente envidiable y necesario. Joseph es el ejemplo perfecto para tematizar esto: su deformación corporal deviene en desigualdad en el acceso a la sociedad y a una serie de consecuencias sociales que lo posicionan en lo más bajo de la jerarquía social.
La ciencia social, en especial la Sociología, no puede desobedecer lo que implica la corporalidad de agentes sociales para comprender por ejemplo, las dinámicas de inclusión y exclusión social y el funcionamiento de la sociedad a partir de dicha distinción. En virtud de esto mismo, creo que hacer Sociología del Cuerpo, constituye un esfuerzo por no renunciar a la reflexión del rol del individuo en la sociedad, e instalar el vínculo necesario para los humanistas, entre la reflexión de la humano y las estructuras sociales.
Me gustaria mucho hacer enfasis en el punto punto que hace el autor de este texto. Comparto la necesidad de visualizar, tratar, reflexionar (etc) la temática del "cuerpo" en la sociologia, incluso lo aplasaria para todas las disciplinas de las ciencias sociales.
ResponderEliminarFue un agrado haber leido este escrito, excelente reflexión y redacción (lo que se agradece enormemente al momento de intentar comprender lo que otro quiere comunicar).
Junto a una entrega de contenido, se nota un trabajo, un estudio, y una detención de parte del autor, en la temática que decidio abordar.
¡Muy bueno! ¡Felicidades! :D
Francisca Ortiz
que bueno leer comentarios que vallan en la linea de una sociología abierta a la corporeidad, asumiendo a ésta desde su sentido amplio y viendo, a partir de ella, un espacio más de análisis para los mecanismos de exclusión. Sin duda que estas miradas permiten hacer un análisis más enriquecido del modo en como los chilenos marginamos hoy en día.. Muchas gracias por la propuesta y por la claridad de la exposición
ResponderEliminarSantiago C.
Sin haber visto la película creo que me queda claro un enfoque con el cual se podría leer la película.
ResponderEliminarGracias a la sociología, y la misma pretensión del autor, se confirma la idea de que a través de ella no es necesario conocer el desenlace del film sino, la trama y las infinitas posibilidades que el fenómeno social en cuestión puede plantear.
Javier CIfuentes.
La muerte de infamia,
ResponderEliminar“El hombre elefante”.
Los cuerpos que vemos en la película “El hombre elefante” de David Lynch nos llevan a pensar cuál será la forma del cuerpo humano, si es que habrá una única forma que defina a los cuerpos. ¿Cómo poder definir al cuerpo humano si es en sí mismo y para siempre diverso?
La presentación de los cuerpos, al igual que el filme, está estructurada en base a contrastes; en blanco y negro. Cuando se presentan formas tan “anormales”, nos percatamos de que existen ciertos patrones de como pensamos el cuerpo del otro y como, en definitiva, estigmatizamos y esperamos que sea el cuerpo del otro, no esperamos que el cuerpo del otro sea extraño a esa norma.
Podemos decir, entonces, en lo concreto, que el cuerpo con todas sus marcas, huellas, pecas, e incluso ciertas deformaciones, presenta cierta homogenización. Es en un lugar más lejano a la definición de cuerpo humano donde situamos a Joseph Merrick – “El hombre elefante”, lo situamos en el estigma, en la anormalidad, en la infamia.
Según Foucault esta infamia es una modalidad de la universal fama, pero que existen en la memoria de los hombres por las terribles palabras (imágenes) que se han escrito de ellos. Así, el monstruo humano que parece ser el hombre elefante genera un distanciamiento de la normalidad y con ello, el desconocimiento médico genera una separación del orden jurídico, es decir, el hombre elefante se cataloga como un ser potencialmente peligroso en la medida en que se desconozca su diagnostico médico.
Es Frederick Treves, el doctor quien trata al hombre elefante y quien supuestamente saca de la miseria al hombre elefante el que lo conduce a la infamia, si bien cambia su destino y su forma de vida, lo conduce a una fama que termina por matarlo. Lo conduce a la infamia, a escribir su historia mostrando y contando sus suplicios, es decir, “cuando la sangre entra por la letra”, como diría el propio Foucault.
Es este mismo autor quien señalaría en su libro Vigilar y Castigar que los castigos se transformarían con el tiempo en la parte más oculta del proceso penal, lo que lleva en consecuencia a la eliminación de la muerte como castigo remplazado por la privación de la libertad, y del castigo como espectáculo público.
Haciendo un símil con “El hombre elefante”, si bien no hay castigo, hay infamia. El hombre elefante vive los suplicios del moderno encierro en el hospital en el que está recluido, aunque él no lo considera un suplicio está controlado por técnicas como horarios, visitas, comidas etc. Otro aspecto del castigo, en este caso del suplicio, es el espectáculo público, que se traduce en la fama que le otorga el carácter de infame y los suplicios que debe vivir por ser el “afamado hombre elefante”.
En relación a los contrastes que mencionábamos anteriormente; encontramos la figura de Treves, el doctor y el circense, quien era “el dueño” de el hombre elefante, aparentemente personajes que parecen ser totalmente contrapuestos pero lo cierto es que son más similares de lo que aparentan. El “dueño” marca al hombre elefante por suplicios físicos y psicológicos. Mientras que Treves condena para siempre a Joseph Carey Merrick con el rótulo de “El hombre elefante” y para siempre de una infamia irreversible que lo condena a su muerte. Sin duda, “El hombre elefante” muere a causa de su propia infamia.
Camila Torralbo
c.torralboseguel@gmail.com
Comentario que subo por María Ignacia Vidal.
ResponderEliminarEl film muestra claramente como por su fealdad y anormalidad física este hombre esta aprisionado por la sociedad sin tener casi ninguna libertad. Aunque él al estar en el hospital cree ser libre, no lo es ya que siempre habrá alguien que le “moleste” la fealdad o la anormalidad, además, este hombre se vuelve un objeto a estudiar, un cuerpo que se presenta con características monstruosas. Tal como dice Foucault esta anormalidad, este impedimento físico es lo que lo traba en la sociedad. Y aunque nunca pudo estar dentro de la normalidad, por lo menos murió “normalmente” como lo mostraba el cuadro en la pieza.
Llama la atención como este cuerpo se vuelve mercancía al ser transable por dinero en los momentos que estuvo en la feria. Pero también en esta feria, aunque estuviera privado totalmente de libertad, igual era parte de una comunidad, esto se observa cuando lo liberan de la jaula en que estaba preso por su “dueño”, asemejándose a los presos que, aunque si recibían pequeños castigos físicos, mayormente eran castigos psicológicos, al igual que el hombre elefante, que fue “castigado” socialmente por el cuerpo que tenía.
Por Diego Ribba
ResponderEliminarMerrick es un hombre infame: en su secreto, este de-forme porta el mal más temible (y terrible) para una sociedad: la distinción. Esta distinción, sin embargo, no es la de la belleza perfecta y sublime – aquella que genera admiración – si no su opuesto: la des-proporción. Esta anormalidad (no admirable) es sospechosa, pues es una distinción en un sentido de antítesis; en lugar de una hipérbole (a saber, una exageración grata y sorprendente), es un anti-cuerpo el que Merrick es. Es feo, des-proporcionado, des-compuesto, des-dichado, etc. En suma: un sospechoso de cometer lo más atroz, un culpable de antemano. Porta en su cuerpo el veneno capaz de destruir el rechazo inherente a lo diferente: en contraposición a su horrible cuerpo – infame calumnia al canon establecido por el discurso de un saber científico legitimado por un poder coercitivo – es una persona bellísima. Es por ello que es un sospechoso: su cuerpo le precede anticipando una monstruosidad irreal. Es prisionero del prejuicio y pecador de mala fortuna.
Como el lugar de su pecado no es un delito, el saber más calificado e idóneo para normalizarle es el saber de la ciencia y la medicina: allí donde su cuerpo debe ser objeto de cura y no de un castigo físico. Sin embargo, igualmente se le priva de libertad: el infame debe ser excluido con el fin de no interferir la sagrada normalidad cotidiana, en su proceso de curación. Este castigo – tecnificado – es contrapuesto a lo que ocurre en el submundo (del cual fue parte anteriormente). La pureza y pasividad del saber científico oficial es puesto en tensión con la barbarie y brutalidad del mundo oculto de donde Merrick proviene. Las luces de la película cambian de la máxima penumbra al confort y calidez de sus aposentos en el hospital. Si antes pagaba en cuerpo su pecado, ahora lo hace con su libertad.
Ese saber legitimado a partir (y a través) de un discurso pone en funcionamiento mecanismos de poder que coaccionan y ejercen violencia contra los cuerpos. Esta violencia, sin embargo, es racional y no física: se trata de la racionalización y depuración de castigo para hacerlo mas eficiente, transparente y quitarle la noción de espectáculo. Se ha visto que el espectáculo terminó por aburrir a las muchedumbres en la edad media: desde ese momento, nacen las primeras instituciones (carcelarias, psiquiátricas, la escuela moderna, etc.) con el fin de cambiar el rumbo y el objeto de los mecanismos de poder. En ese sentido, en la película existe un contrapunto entre esa antigua violencia física contra los infames, en forma de circo; contra una violencia efímera del discurso del saber científico. El castigo ya no es contra un sujeto: es por su curación o por el bien de la sociedad. Pareciera que el objeto del castigo ha sido desplazado de un cuerpo a un cuerpo ficticio compuesto por imaginarios, relaciones, construcciones, etc.