lunes, 22 de noviembre de 2010

Filme: Crónica de una fuga (Director Adrián Caetano)

Comentario sobre “Crónicas de una Fuga”, por Claudia Rivera


Cuando observamos películas como “Crónicas de una Fuga” probablemente nos parece estar reviviendo la historia sociopolítica de tantos países de latinoamérica, así se me vienen a la mente filmes argentinos como “La historia oficial” hecha en 1985 por Luis Puenzo, “La noche de los lápices” hecha en 1986 por Héctor Olivera, “Garage Olimpo” realizada en 1999 por Marco Bechis, o películas chilenas como “Chile, la memoria obstinada” hecha en 1997 por Patricio Guzmán, “Estadio Nacional” realizada el 2001 por Cármen Luz Parot, o el filme brasilero “Araguaia-La conspiración del silencio” de Rolando Duque hecha el 2008 y así… suma y sigue.
         Tal vez es en estas películas donde se hace más evidente el protagonismo del cuerpo, ya sea la ausencia del cuerpo, el cuerpo torturado o el cuerpo prisionero, es decir, se hace aún más visible que éste es una materia simbólica donde se cristalizan los imaginarios sociales de un lugar y de un tiempo. Asimismo, se puede ver claramente cómo en el cuerpo se despliegan a pequeña escala los poderes y peligros de la estructura social.
En ese sentido, es por este protagonismo que nos presenta la película, que podríamos hablar del cuerpo desde los más diversos imaginarios, ya sea como cuerpo estigmatizado, como cuerpo subversivo o como soporte de valores, sin embargo, quisiera centrarme en el castigo y en el control político de la corporeidad.
Personalmente, desde que vi la película hace unos años atrás y cada vez que la vuelvo a ver, tal vez la escena que más me marca es a la hora siete minutos cuando cuatro de los prisioneros son amarrados desnudos a los catres y uno literalmente es limpiado por un guardia… “ustedes son gente sucia…cómo puede ser que un tipo tan joven esté tan sucio y podrido por dentro, te voy a sacar bueno Guillermo, brillo te voy a sacar, yo te voy a limpiar carajo”.
¿Qué simboliza este acto?, ¿Qué es lo que se intenta hacer? Cuando observamos la representación de estos castigos como forma de corregir la insurgencia, pareciera que se pone en jaque los planteamientos teóricos de Foucault sobre la evolución histórica del castigo, sin embargo, lo único que hace es confirmarlos.
En primer lugar, el hecho que estos jovenes sean llevados a una casa escondida y que los mecanismos de castigo sean realizados en la complicidad de esos cuartos, nos demuestra cómo se trata de ocultar estas prácticas, de apartarlas del escrutinio público, lo que facilitaba que gran parte de la población la desconociera y aún hoy niegue su existencia.
Por otra parte, qué es el simbolismo de limpiar a un detenido sino un castigo sobre la  conciencia abstracta, es decir, acá el cuerpo orgánico se presenta como un intermediario al que se le aplica cierta medida de sufrimiento corporal, pero el verdadero castigo ahora está en la privación o suspensión de libertades, en la prohibición de ver, de comer, de ir al baño, etc. 
En este sentido, esta escena pone al descubierto lo que Foucault llama una tecnología política del cuerpo, donde el castigo actúa sobre el corazon, el pensamiento y la voluntad, donde se juzga en base a juicios prescriptivos de normalidad. Asimismo, vuelve literal la relación entre saber y poder, ya que en este caso el dominio de un conocimiento específico –el nombre de otros militantes- es su fuente de poder y el manejo de esta información una de las razones de su castigo. Es así, como podríamos pensar que finalmente lo que se castiga “es el elemento en el que se articulan los efectos de determinado tipo de poder y la referencia de un saber”.


3 comentarios:

  1. Comentario sobre “Crónicas de una Fuga”, por Claudia Rivera


    Comentario sobre “Crónicas de una Fuga”, por Claudia Rivera

    Cuando observamos películas como “Crónicas de una Fuga” probablemente nos parece estar reviviendo la historia sociopolítica de tantos países de latinoamérica, así se me vienen a la mente filmes argentinos como “La historia oficial” hecha en 1985 por Luis Puenzo, “La noche de los lápices” hecha en 1986 por Héctor Olivera, “Garage Olimpo” realizada en 1999 por Marco Bechis, o películas chilenas como “Chile, la memoria obstinada” hecha en 1997 por Patricio Guzmán, “Estadio Nacional” realizada el 2001 por Cármen Luz Parot, o el filme brasilero “Araguaia-La conspiración del silencio” de Rolando Duque hecha el 2008 y así… suma y sigue.
    Tal vez es en estas películas donde se hace más evidente el protagonismo del cuerpo, ya sea la ausencia del cuerpo, el cuerpo torturado o el cuerpo prisionero, es decir, se hace aún más visible que éste es una materia simbólica donde se cristalizan los imaginarios sociales de un lugar y de un tiempo. Asimismo, se puede ver claramente cómo en el cuerpo se despliegan a pequeña escala los poderes y peligros de la estructura social.
    En ese sentido, es por este protagonismo que nos presenta la película, que podríamos hablar del cuerpo desde los más diversos imaginarios, ya sea como cuerpo estigmatizado, como cuerpo subversivo o como soporte de valores, sin embargo, quisiera centrarme en el castigo y en el control político de la corporeidad.
    Personalmente, desde que vi la película hace unos años atrás y cada vez que la vuelvo a ver, tal vez la escena que más me marca es a la hora siete minutos cuando cuatro de los prisioneros son amarrados desnudos a los catres y uno literalmente es limpiado por un guardia… “ustedes son gente sucia…cómo puede ser que un tipo tan joven esté tan sucio y podrido por dentro, te voy a sacar bueno Guillermo, brillo te voy a sacar, yo te voy a limpiar carajo”.
    ¿Qué simboliza este acto?, ¿Qué es lo que se intenta hacer? Cuando observamos la representación de estos castigos como forma de corregir la insurgencia, pareciera que se pone en jaque los planteamientos teóricos de Foucault sobre la evolución histórica del castigo, sin embargo, lo único que hace es confirmarlos.
    En primer lugar, el hecho que estos jovenes sean llevados a una casa escondida y que los mecanismos de castigo sean realizados en la complicidad de esos cuartos, nos demuestra cómo se trata de ocultar estas prácticas, de apartarlas del escrutinio público, lo que facilitaba que gran parte de la población la desconociera y aún hoy niegue su existencia.
    Por otra parte, qué es el simbolismo de limpiar a un detenido sino un castigo sobre la conciencia abstracta, es decir, acá el cuerpo orgánico se presenta como un intermediario al que se le aplica cierta medida de sufrimiento corporal, pero el verdadero castigo ahora está en la privación o suspensión de libertades, en la prohibición de ver, de comer, de ir al baño, etc.
    En este sentido, esta escena pone al descubierto lo que Foucault llama una tecnología política del cuerpo, donde el castigo actúa sobre el corazon, el pensamiento y la voluntad, donde se juzga en base a juicios prescriptivos de normalidad. Asimismo, vuelve literal la relación entre saber y poder, ya que en este caso el dominio de un conocimiento específico –el nombre de otros militantes- es su fuente de poder y el manejo de esta información una de las razones de su castigo. Es así, como podríamos pensar que finalmente lo que se castiga “es el elemento en el que se articulan los efectos de determinado tipo de poder y la referencia de un saber”.

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  2. Por Felipe Troncoso Chiang.
    Crónica de una fuga, comienza mostrando la vida de Claudio Tamburrini, Arquero de un equipo de futbol argentino, el cual fue acusado de ser parte de un grupo revolucionario en la época donde Argentina está bajo el régimen político dado por el golpe de estado del año 1974, haciendo que caiga presa de un grupo militar, el cual tortura a quienes podrían ser parte de grupos contrarios al gobierno dominante.
    El filme, desde el momento que entran a ser parte de las escenas los personajes que representan del aparato represivo del gobierno, liderados por el capitán Almagro, pasa a tener una carga siniestra y desgarradora, dada por el poder de quienes ejercen la violencia y el trato que le dan a los cuerpos en búsqueda de una verdad que no tienen como documentar. Es esta misma parte del filme la que muestra una de las características más paradójicas de la tortura, siendo que este método estaría destinado para poder encontrar una verdad que está escondida, que serviría para poder generar un poder de acción sobre las fuerzas enemigas, pero que al mismo tiempo conseguirían una confesión que no es necesariamente cierta. Es esta situación la que hace caer a Claudio bajo el cautiverio del grupo represivo. Al mismo tiempo, Claudio, al no tener nada que confesar, se transforma en uno de los personajes que están encerrados que no le dan información valiosa a sus captores, haciendo que se reproduzca un círculo vicioso que no tendría salida.
    Este trato a los cuerpos genera una pérdida de sentido que tenían por la propia existencia las víctimas de esta violencia, muchas veces deseando la muerte como la única salida a esta situación. Los cuerpos son totalmente despojados de todos sus derechos y pierden la relación normal entre los individuos, mostrando una relación totalmente asimétrica entre quienes ejercían la tortura y quienes eran victima de ella.
    Esta misma relación asimétrica se sigue dando en muchos lugares del mundo, y la tortura es una realidad para muchas personas, aún en estos tiempos. Pero la tortura física no es la única que existe. La violencia sicológica también es real, y puede dejar huellas más profundas que la tortura física, dejando marcadas a sus víctimas para toda la vida, y generando con ello un sentimiento de vacío que solo se llenaría con una razón de existencia que nunca llega, transformando la vida de la víctima en una prisión de la cual no se puede fugar.

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  3. “Los militares llevaron la línea de muerte, que sus anteriores aliados habían desplegado históricamente en las entrañas del país, a un punto inaudito, inconcebible” .
    Esta cita de Raúl García, nos acerca a la realidad mostrada en la década de los 70 en Argentina. Adrian Caetano director de la película Crónica de una Fuga (2006), nos muestra durante 105 minutos las experiencias de un grupo de jóvenes secuestrados por servicios del gobierno militar, por la razón explicita o bien presunta de pertenecer a grupos guerrilleros opositores al régimen. El protagonista y parte de estas victimas de la Época del Terror Claudio Tamburrini inicia esta historia al ser secuestrado por el gobierno militar y trasladado a un centro clandestino de detención y exterminio conocido como Mansión Seré , es aquí donde podemos presenciar una serie de medidas de represión y torturas aplicadas a estos cuerpos desnudos, encadenados, oprimidos con el único propósito de lograr la confesión, una confesión que permita dar con quienes pudiesen ser potenciales opositores al gobierno.
    Lo que este films logra producir en nosotros como telespectadores y parte productora y cooperativa del producto final de estas imágenes en movimiento , resulta ser un efecto de conciencia histórica reprimida y silenciada (inclusive hasta hoy en día por quienes fueron victimas de estas prácticas). Tanto Argentina como nuestro país se vio afectado en esta década por dictaduras militares, las cuales tuvieron como eje central lo que Raúl García llamaría el arte de torturar como producción de un saber.
    Con esto nos referimos a esta serie de prácticas adoptadas y heredadas del fascismo, aplicadas desmedidamente sobre estos cuerpos que resultaban ser peligrosos para el gobierno de turno, y que por tanto eran reducidos: “recurriendo a una violencia aplicada tanto física como psicológicamente, consiguieron despersonalizar a la victima convirtiéndola en una cosa biológica, un cuerpo reducido prácticamente a puros reflejos automotores” . Esto es lo que muestra este films, ni mas ni menos que la cruel realidad vivida en periodo de dictadura militar en Argentina, jóvenes como nosotros que por el solo hecho de pertenecer a un movimiento izquierdista o aun así, sin ser parte de algún movimiento político (como es el caso del protagonista) son secuestrados, torturados, aplicando sobre sus cuerpos medidas de castigo desmesuradas, implantando en la memoria de ellos como en la de toda la sociedad del país, el terror, el miedo a la muerte, una forma de controlar el accionar social y político de las personas a través de la vigilancia permanente, a través de uso de poder que operaba tanto en cada sujeto en particular (micropolitica) , como en toda la sociedad (macropolitica), solo y únicamente son el fin de imponer lo que la ideología militar deseaba.
    El propósito militar era imponer el terror, era plasmar en las conciencias la sumisión a través del miedo, imponer pautas de comportamiento que abalaran estas medidas como correctas (por ejemplo, a través de la oración del Padre Nuestro a voz alzada), una forma de tortura que además de física (golpes, cortes de pelo, ahogos, etc), apelaba al daño psicológico (prohibición de llamadas, desnudez, encierro, comidas, vendas, etc) dejando huellas, cicatrices que funcionarían como historia, como memoria corporal de los que efectivamente fue este gobierno militar, así como muchos, una época de masacres, desapariciones, torturas y exterminio contra todo cuerpo activo socialmente, contra toda pasión corporal que se manifestase en contra de los ideales militares.

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